Trabajadores de la salud y de la educación bajo pandemia. 2° Coloquio del PEPET

El martes 6 de octubre se realizó el segundo Coloquio de la temporada 2020, bajo el título «Transformación de la organización del trabajo para trabajadores/as esenciales en pandemia: el caso de la salud y la educación».

El coloquio estuvo a cargo de dos expositoras:

Patricia Guerrero,  Psicóloga y Magíster en Psicología por la Pontificia Universidad Católica de Chile y Master y Doctora en Sociología por la Universidad París 7 Denis Diderot. Actualmente es profesora asistente de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

 

Elisa Ansoleaga es Psicóloga UDP, Magister en Gestión y Políticas Públicas y Doctora en Salud Pública por la Universidad de Chile. Profesora titular de la UDP, investigadora del PEPET y Directora de Acción Salud UDP.

El coloquio se dividió en tres rondas: la primera, fue guiada por la pregunta sobre la situación previa y actual a la pandemia, en cuanto a los cambios en la organización del trabajo. La segunda, buscó explorar los impactos en el bienestar o malestar de los trabajadores, las ayudas que reciben o carecen y cuáles son sus motivaciones, así como qué organización del trabajo propiciaría un mayor bienestar. Por último y a modo de conclusión, en la ronda final se propuso indagar en el futuro de la situación, los desafíos y los aprendizajes.

La Dra. Guerrero, durante su primera intervención, mencionó tres problemas relacionados con la organización del trabajo en el área de la educación, a saber, problemas de financiamiento ligados al modelo de subvención anclado en la constitución; la burocratización de los procesos que atribuye al docente funciones ligadas no únicamente a la docencia, por ejemplo, el control de la asistencia; y como tercer problema, imbricado con el primero, se encuentra la función que cumplen las pruebas estandarizadas, en tanto castigan o premian públicamente a las escuelas generando competencia por un lado y una desprofesionalización de las funciones del profesor, por el otro, transformándolo en un tecnócrata centrado principalmente en pasar los contenidos de dichas pruebas.

Cerró su primera intervención comentando que existe una falta de apoyo de las autoridades en algunos casos donde la gran mayoría de los alumnos no tiene acceso a internet para acceder a clases virtuales, lo que incide en la salud mental de los profesores al no poder hacer algo al respecto.

La Dra. Ansoleaga, al inicio de su intervención, recalcó que es importante visibilizar que los dos sectores más golpeados por el cambio en la organización del trabajo son el de salud y el de educación. Continuó explicando que la calidad del servicio entregado por los profesionales de la salud está estrechamente vinculada con el despliegue no sólo de habilidades profesionales y técnicas, sino que también de las habilidades relacionales y emocionales, por lo que el trabajo se vuelve emocionalmente muy desgastante. Además, señaló el impacto que tuvieron los cambios en la organización del trabajo tanto en salud como educación y expuso que la forma que tienen las instituciones de salud chilenas de abordar las situaciones críticas, aun antes de la pandemia, se basa en mecanismos defensivos de los mismos trabajadores quienes perciben su trabajo como una labor límite.

Asimismo, ahondó en el impacto del pobre abordaje de la pandemia por las autoridades en los trabajadores del sector primario de salud tanto en su salud física como mental. Relacionado con lo anterior, la académica explicó que en el contexto de pandemia aparece el sufrimiento ético en los trabajadores, al estar expuestos a las diversas problemáticas de los usuarios, además de surgir ansiedades y cuestionamientos relacionados con la práctica profesional.

Finalmente, señaló que el cambio ha sido profundo, en tanto las funciones de ciertos trabajadores se han debido adaptar a las necesidades institucionales en un periodo muy corto de tiempo, mientras paralelamente deben enfrentar la incertidumbre de la cantidad de personal activo debido a su reducción como consecuencia de los efectos de la pandemia.

Abriendo la segunda ronda, la Dra. Guerrero se refirió al sufrimiento de los docentes asociado a la incapacidad de poder realizar un mejor trabajo considerando el enorme sentido que tienen labores como las docentes y las de los profesionales de salud.

En educación, explicó, se activa aún más el compromiso en tiempos de crisis, permitiendo que los profesores se encuentren con su función social. Lo que derivó en un malestar por no poder actuar sobre las condiciones del trabajo relacionado con la dificultad de cumplir las exigencias a través de la educación a distancia, no teniendo las habilidades ni formación requerida para hacerlo de forma óptima. Lo anterior, lo relacionó con la aparición del sufrimiento ligado a la tensión entre el trabajo real y el prescrito. En esa dialéctica entre lo que se pide y lo que se hace, aparece la creatividad como mediador, aunque implica una sobrecarga enorme para los profesores debido a la multiplicidad de funciones no relacionadas directamente con la docencia. En este sentido, la Dra. Guerrero relata que en la escuela se suplen de forma superficial conflictivas estructurales, posicionando al docente desde un lugar en donde debe realizar sus funciones en un contexto que incorpora una amplia gama de problemas sociales.

Por otro lado, la profesora Elisa menciona en su intervención que la organización del trabajo frente a catástrofes y, particularmente frente a la pandemia, para la que no se tenían protocolos asociados, ha funcionado con niveles de calidad impresionantes. Para explicar lo anterior, expone como hipótesis que esto ocurre porque el sector salud en emergencia pone en juego el compromiso y la vocación de los trabajadores, lo que deriva en una mayor propensión a saltar los protocolos en función de poder desempeñar efectivamente sus funciones.  Esto deriva en problemas como desgaste físico y mental que de no ser atendidos tendrán resultados como trastornos depresivos o ansiosos en un porcentaje importante de los funcionarios. Relativo a lo anterior, aparecería la pregunta vocacional “¿serviré para esto?” junto con sentimientos de soledad y ansiedad.

Finalmente mencionó que, junto a todas las consecuencias negativas, el sector salud se movilizó y logró cosas impensables antes de la pandemia, tales como reacondicionar hospitales, poner en juego el trabajo colectivo y desdibujar prejuicios entre clínicos y administrativos.

La Dra. Guerrero, por su parte, relató durante la última ronda que existe mucha falta de reconocimiento para los docentes quienes son cuestionados frecuentemente. Esto los dificulta y coarta de trabajar colaborativamente, ya que existe un temor al juicio de los pares. Ahora bien, destacó como algo rescatable del contexto actual las instancias de colaboración entre pares donde aquellos más duchos o jóvenes capacitan a otros.

La académica también enfatizó que un importante aprendizaje es la consideración sobre la inviabilidad de seguir el currículo, y que las consecuencias de no seguirlo no van en detrimento de la función docente. Por otro lado, referido a las autoridades de las escuelas, menciona que los mejores directores son aquellos que se adaptaron a la contingencia y se “olvidaron” del cumplimiento de las exigencias, empezando a hablar en el lenguaje de la “educación” dejando de lado el lenguaje de la burocracia y la estandarización.

Por su parte la Dra. Ansoleaga, respondiendo a la pregunta sobre los cambios, duda que estos sean profundos debido a que el servicio de salud es una estructura firme y rígida con la capacidad de volverse maleable para enfrentar distintos desafíos. Finalizó, diciendo que cree que sería bueno generar espacios reflexivos en los distintos establecimientos para pensar lo hecho, lo que ha sido y que ha significado esta experiencia para las personas, equipo y la institución en su conjunto, generando espacios de aprendizaje muy necesarios debido a la propensión del país a catástrofes.

 

 

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